lunes, 5 de noviembre de 2018

Ética ambiental

La ética ambiental, que pertenece a la filosofía, es un aspecto importante de la educación ambiental, cuyo fin es concientizar y sensibilizar a la sociedad para que su comportamiento genere formas nuevas de relación con el medio ambiente. El desarrollo del aspecto axiológico (de los valores) contribuye a construir una actitud de preservación, valoración del entorno y responsabilidad social como garantía para futuras generaciones.
La conducta antisocial del ser humano respecto de su ecosistema y del medio ambiente en general, genera problemas ambientales que dan cuenta del grado de pertenencia e identidad de las comunidades.
La actitud del hombre es la causante de los problemas ambientales, en relación estrecha con la crisis de valores de las sociedades contemporáneas, que no contemplan la necesidad de preservar un medio ambiente de calidad para el futuro.
La educación ética pretende lograr una reflexión crítica de la relación del hombre con la naturaleza, acerca del manejo adecuado del entorno asumido como propio.
Formar también individuos que reorientan la cultura científica al servicio del ser humano, con una perspectiva ética basada en los valores acerca de la utilización de la ciencia y la tecnología sobre la naturaleza.
La ética ambiental se basa en la justicia social sin discriminación ni distinción de raza, casta, sexo, ideología, religión o nación. El hombre debe vivir en armonía con la naturaleza para actuar como guardián o cuidador del medio ambiente, de modo de lograr un futuro saludable ecológicamente para las generaciones venideras.
La ética aplicada no sólo a normas y valores sino a toda interacción del ser humano con otros seres vivos, como la actitud de arrojar basura y desperdicios en las calles, en las playas o ríos que denota falta de responsabilidad social.
La problemática de la contaminación y la ética ambiental fue instalada en los medios masivos de comunicación del mundo, al igual que el trabajo de los organismos de defensa del medio ambiente para lograr una conciencia colectiva y compromiso proteccionista en todo el planeta. 
Dentro de las corrientes de pensamiento más conocidas de la ética ambiental, se encuentra aquella basada en el sistema moral deontologico, aquella que limita el objetivo de los sistemas naturales como independiente del uso o valor que el ser humano pueda tener sobre él. Y dentro de ella, la perspectiva deontologica holística e individualista. Los mayores expositores de ellas son Holmes Rolston y Paul W. Taylor , respectivamente. El primero expone constantemente que la especie, como conjunto es la unidad fundamental más importante de la vida, donde los organismos son mera representación de la especie y cuyo objetivo único es preservarla. Esto implica que los organismos son reemplazables. Desde una perspectiva deontológica la elección de proteger a una especie a costa de la pérdida de organismos no es solo una acción con suficiente justificación, sino un deber moral. Taylor señala lo que llama "el valor inherente" de las plantas y animales, comprometiendo al principio de imparcialidad de especies a través del reconocimiento de que las especies humanas y no humanas buscan el bienestar en su propia manera. Este valor que les pertenece por naturaleza es lo que vuelve mala a una acción cuando no es considerado el daño que provocaría en el organismo al tomar decisiones, como agentes morales debemos considerarlos, tener una actitud de respeto. Taylor menciona en Respeto por la naturaleza (1986) que el ser humano debe aislarse de su naturaleza biológica y teológica para tomar decisiones, con un compromiso moral de la no intervención haciendo uso de su racionalidad.
La justicia ecológica: justicia global, justicia interespecífica y justicia intergeneracional

Hoy es necesario introducir un concepto redefinido de progreso que vaya más allá de lo cuantitativo y esté orientado hacia la sustentabilidad ecológica, lo que implica producir de forma más eficiente (hacer más con menos energía y materias primas) y que los sistemas socioeconómicos respeten los límites de la biosfera. El Instituto Wuppertal ha definido la sostenibilidad en los siguientes términos: “La dimensión física de la sustentabilidad se refiere a dejar intacta a lo largo del tiempo la estabilidad de los procesos evolutivos internos de la ecósfera, una estructura dinámica y autoorganizativa. Un sistema económico es ecológicamente sostenible solo en tanto el empleo de recursos para generar bienestar se limite de forma permanente a un tamaño y una calidad que no sobreexplote las fuentes, ni sobrecargue los sumideros que proporciona la ecósfera”.
Si tomamos en cuenta que ya estamos superando los límites biofísicos del planeta, pero con una distribución muy desigual de las ventajas y las pérdidas, tanto entre los habitantes actuales del planeta como en relación con las generaciones futuras y también con el espacio ambiental que dejamos disponible para los otros seres vivos y sus procesos ecológicos, esto tiene implicaciones en el sentido que damos al concepto de “justicia”. Por consiguiente, tres grandes líneas de trabajo de una justicia ecológica planetaria es necesario hoy asumir: la justicia global, la justicia interespecífica y la justicia intergeneracional.
Siguiendo a Sachs & Santarius, la justicia global debe ser entendida como una ética transnacional basada en el reconocimiento de todos los individuos como miembros de pleno derecho en la comunidad (derechos humanos básicos de subsistencia y distribución justa de los recursos), garantizando estos derechos de supervivencia por sobre el bienestar de otros, mediante un comercio justo y la compensación de daños ecológicos bajo el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas.
La justicia interespecífica tiene que ver con la idea de hospitalidad biosférica, que nos recuerda que somos una especie dependiente de los procesos de la ecósfera que desarrollan otros seres vivos, y que no debemos apropiarnos de modo desigual del espacio ambiental que compartimos.

Ejemplos de problemas ambientales

Fábricas y la contaminación del aire.Destrucción de la capa de ozono. Este fenómeno de disminución de la barrera de ozono en la atmósfera que filtra y desvía los rayos ultravioleta del sol es uno muy bien documentado desde hace décadas, cuando la contaminación atmosférica por liberación de gases empezó a catalizar la descomposición del ozono en oxígeno, fenómeno normalmente lento en las alturas. Recientemente se ha anunciado, sin embargo, la recuperación parcial de la misma.
Deforestación. La tercera parte del planeta está cubierta de bosques y selvas, lo cual representa un gigantesco pulmón vegetal renovando diariamente la cantidad de oxígeno en la atmósfera. La tala sostenida e indiscriminada no sólo atenta contra este importantísimo balance químico, indispensable para la vida, sino que acarrea la destrucción de hábitats animales y pérdida de absorción de los suelos. Se estima que en la última década y media se hallan perdido 129 millones de hectáreas vegetales.
Cambio climático. Algunas teorías apuntan a que se debe a la contaminación sostenida de décadas, otras a que forma parte de un ciclo planetario. El cambio climático como fenómeno apunta a la sustitución de climas secos por lluviosos y viceversa, a la migración de temperaturas y la redistribución de aguas, todo lo cual tiene efectos considerables en las poblaciones humanas, acostumbradas durante siglos a un clima regional estable.
Contaminación del aire. Los niveles de contaminación del aire se han multiplicado en las últimas décadas, producto de la industria energética de hidrocarburos y los motores de combustión, que liberan toneladas de gases tóxicos a la atmósfera, deteriorando así el aire mismo que respiramos.
Contaminación Industrial del agua.Contaminación del agua. La liberación de sustancias químicas y desechos tóxicos provenientes de la industria a lagos y ríos, es un factor desencadenante de lluvias ácidas, extinciones biológicas y la despotabilización del agua, que requiere luego medidas extremas para habilitar su consumo, necesario para el sostén de la vida orgánica de todo tipo.
Agotamiento de los suelos. Los sucesivos monocultivos y formas de agricultura intensiva que, a través de diversos métodos tecnológicos, maximizan la producción sin contemplar la necesidad de alternancia del suelo, siembran una problemática venidera, ya que sin descanso los suelos agotan sus nutrientes y la vida vegetal se hace más difícil a mediano plazo. Tal es el caso del monocultivo de soja, por ejemplo.
Generación de desecho radiactivo. Las plantas nucleares generan diariamente toneladas de desecho radiactivo peligrosas para la vida humana, vegetal y animal, dotado además de largos períodos de actividad que superan a la durabilidad de sus usuales contenedores de plomo. Cómo disponer de estos desechos con el mínimo impacto ambiental es todo un reto por afrontar.
Generación de basura no biodegradable. Plásticos, polímeros y otras formas complejas de materiales industriales tienen vidas particularmente largas hasta que por fin logran biodegradarse. Considerando que se producen diariamente toneladas de bolsas plásticas y otros elementos desechables, el mundo cada vez tendrá menos lugar para tanta basura de larga vida.
 

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